Si te sientes mal, toma un baño, aféitate, ponte tus
mejores ropas… y sólo intenta ser feliz. Es como fingir, por supuesto, pero te orientas en ser feliz. Haz de cuenta que te
sientes bien, actúa como si estuvieras en lo alto de la situación… y que
diriges la situación. Y el resultado será que lo lograrás.
Cuando era mucho más joven pensaba que la felicidad eran esos
pequeños momentos que quedaban en la memoria, esos momentos que al rememorarlos te
hacían sonreír. Instantes fugaces que quizás daban valor a mucho. Un toque
dulce que quitaba el amargor a un océano y hacía que todo el resto tuviera
sentido.
Mi madre me decía en inolvidables momentos que lo malo
pasaría y que sería feliz. Lo decía con el mayor de los amores que pueda haber.
Esas palabras podemos abrigarlas y rememorarlas como una luz que nos guíe en la
oscuridad.
La felicidad -como muchos de tus estados de ánimo- es tu
elección. Puedes estar triste cuando todo te va bien o puedes estar feliz
cuando los números puedan indicar que todo va mal. Puedes ser feliz en
cualquier momento haciendo que la felicidad sea un hábito, no solamente un
momento.
Cada uno es conductor de esos recuerdos y del estado de
ánimo con que los lleva. Podemos abandonarnos al rencor y dejarnos abrumar por
la desazón. Tanto esa parte nuestra que nos hunde en la tristeza como la parte
que nos llama a ser felices es el albedrío de cada instante. Tomar las riendas
y ser concientes de ello nos hace ser nosotros.
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